Primer Premio

Una semana sin trabajar.

Por Vicente Morín Aguado

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I-Lunes de Elegguá

El barrio de Los Sitios en Centro Habana amaneció convulsionado al conocerse que un empedernido jugador ganó el parlé tres veces, apostando 100 pesos cubanos a cada banquero, significan 90 mil por tres, equivalentes a más de diez mil dólares. Los banqueros están reunidos en secreto, buscando alternativas porque no alcanzan a tanto efectivo.

(La Santanilla, blogosfera cubana)

Comienza la semana para Adrián en una de las tantas cafeterías de la calzada de Monte. Pasan los acostumbrados al trago de ron mañanero, mientras se arma la tertulia ocasional, ahora dedicada a dos personas y dos países: Obama y Raúl Castro, los Estados Unidos y Cuba.

Adrián recibe al periodista con su vieja camisa blanca, cerrada al cuello por el habitual lacito negro, acompañante inseparable del linaje gastronómico. Sirve sin preguntar porque se trata de clientes viejos, si no pagan al momento, lo harán después; ¿quién sabe?, casi seguro jugaron y jugarán sus números del sorteo de anoche y de esta tarde.

La conversación se anima, parecen mayoría los esperanzados en ver caer los dólares desde el cielo, digo, desde USA, si finalmente “los mokongos” cuadran la caja. Es curioso, el escepticismo en política combina con la total credulidad tratándose de la suerte: «Al final no habrá acuerdos, desde aquí los reclamos son muchos, siempre pondrán peros y más peros, de cualquier manera si cae algo se queda donde siempre, ustedes saben.»

La indirecta alude al consabido control estatal, el maná terminará administrado por el Gobierno. Por tanto, Adrián continúa con su lógica envolvente: «¿Qué hay para nosotros?, pues yo sigo con la bolita, los números, la esperanza de los pobres.»

Como cualquier dependiente de comercio, nuestro hombre trabaja por 250 pesos cubanos mensuales, unos 10 dólares. No alcanza ni para la obligada merienda de una larga jornada laboral de pie frente a los clientes. Sin embargo, ¿por qué viene a trabajar?

Copio sus palabras, más bien lo observo durante largo tiempo porque es imposible una sincera declaración al respecto. El ron procede de lugares ajenos a la empresa, representa ganancia compartida con el administrador, significa “un salve” diario. No es mucho, apenas alcanza para los gastos, aunque, pase lo que pase, un porcentaje se va en las apuestas. Nadie se perdonaría pensar un número, no jugarlo y enterarse después que salió.

Avanza la mañana cuando el bullicio habitual se apaga al instante sin mediar orden alguna, apareció el hombre de la noticia, las «excelencias» que gobiernan países pasan a un segundo plano, basta el obligado balbuceo de lo ilícito: «56 fijo —el dependiente hace una mueca— 66 y 89 corridos».

«¿El divorcio y la lotería? No, no, no, mentiras tuyas. ¡Ay mi madre!»

El resto de la historia va por el periodista. El hombre de la camisa blanca y el lacito negro le puso una buena cifra al parlé, una combinación casi mágica si consideramos las miles de variantes matemáticas correspondientes a los 100 números del sorteo. Cada peso se multiplica por 900 de acuerdo a lo acordado, no es ley escrita, pero funciona igual al mejor de los Rolex. En Cuba siguen el sorteo del canal 14 Telemundo, de (de dónde es Telemundo, Miami. México?).

Alguien debió asumir el relevo esa mañana en la cafetería de Monte. Durante una semana el afortunado estuvo ausente de su puesto, nos encontramos cuando aún estaba recuperándose del shock. Apareció con un Alcatel chino de a 75 dólares, reluciente de la tienda: «Viste, al fin tengo el teléfono androide, salvé la tarjeta SIM, quedó para alguna ropa y, ya sabes, jugué el divorcio porque me quité aquella mujer de encima, ella misma me dio la suerte. Por poco dejo la pincha, pero finalmente será lo mismo con lo mismo, trabajar para comer y volver a jugar hasta otro garabatazo de Elegguá.»

Adrián sacude el garabato, un gajo de madera dura terminado en horqueta, adornado con cintas rojas y negras, arma del travieso muchacho africano, enredador como los misterios del destino.

II- Martes de madre

«Recientemente se notificó en el semanario santiaguero Sierra Maestra el apresamiento en la calle del jefe de almacén del Hospital Provincial Saturnino Lora, a quien se descubrió portando cierta cantidad de placas de rayos X. En un posterior registro de su domicilio se le ocuparon otros instrumentales médicos, tales como jeringuillas, sueros y demás, todo para vender en el mercado negro.» (23 de octubre de 2014)

Finalmente Clarisa cambió de rumbo, dejó el trabajo y se fue a buscar consejo a casa de su compadre: «Piénsalo bien comadre, es la tercera oferta y el no, número tres; se te acaban los ahorros, no puedes vivir sacando del bolsillo sin echarle, al final será el desastre.»

Le ofrecieron trabajo de camarera en una residencia estudiantil de la salud, ocupada por extranjeros. Son 435 pesos mensuales, las condiciones de trabajo bastante buenas, incluso aire acondicionado, no falta el agua, tampoco los útiles de limpieza, ofrecen merienda y una comida aceptable. Trabaja en turnos alternos, 12/ 24 horas, una vez de noche y otra de día. La mujer se esfuerza en sus argumentos: «Es que la cuenta no da, a ti te gustan los números, escucha: mi hijo Yunielito me cuesta más o menos 20 pesos al día, la merienda no le puede faltar, son 14 años, come por tres y está más alto que el padre, juega fútbol en el equipo del municipio, no puedo permitirle que abandone el deporte, ahí lo tengo quieto, la calle no anda buena, a los muchachos hay que tenerlos ocupados con algo positivo.»

Los números se disparan, no se trata solamente de una merienda extra para un chico alto, deportista y en pleno desarrollo. Suerte que la ropa viene desde San Marino, donde vive una prima que nunca parió y se cogió al niño como propio. Sin embargo, desde la bota italiana no pueden llegar todas las soluciones: «Anota compadre, vamos por 20, igual a mi salario de cada día, agrega que yo soy una mujer, todavía no me considero un trasto para el basurero.»

«Ni que pensarlo comadre, ¡todavía usted para el tráfico!»

«Sin exagerar, pero al menos merezco un perfume «Riquinvili» de a tres dólares. La presencia personal no puede faltar, si espero la guagua llego al trabajo hecha un ripio, lo menos un carro de a diez pesos ida y vuelta cada dos días. ¿No te das cuenta, gastar para trabajar sin recibir ventaja a cambio?»

El compadre replica: «Dicen que vienen extranjeros, ahí están otras posibilidades. Ya sabes, ellos están lejos de su país, necesitarán ayuda y eso se paga.»

«¡Vaya!, esperar por la lluvia divina, me lo advirtieron, el reglamento es estricto, nada de faltarle a la moral socialista pidiéndole algo a un «yuma». Además, te revisan el bolso a la entrada y a la salida. Tendría que entrar en acuerdo con los vigilantes, ya sabes, compartir lo poquito que te llevas o compartir eso que según tú dices, para el tráfico.»

El compadre sonríe y se queda pensativo Finalmente, encuentra una idea: «De acuerdo Clari, no da la cuenta en la residencia estudiantil. Hay que buscar un trabajo por fuera, no se le puede curralar al gobierno por 20 pesos al día. Vamos a buscar una oferta en Revolico.

Revolico.com es un sitio web que ofrece de todo, desde una bicicleta, hasta un extranjero necesitado de «una muchacha de buena presencia, conocimientos de computación, sin compromisos que le impidan trabajar en horario irregular…» Hay pedidos de camareras dispuestas a cuidar un enfermo de Alzheimer, cocineras para nuevos restaurantes; tratándose de ofertas particulares, se negocian los salarios.

Clarisa muestra media sonrisa de aceptación junto a una ligera mueca escéptica: «No está mal la idea, pero vamos a ver cómo le entramos al Revolico, porque al directo, la página está bloqueada, el gobierno no quiere que estemos al tanto de esas posibilidades.»

«El que inventó la ley, inventó la trampa, no te preocupes mujer, hay atajos en internet para llegar a Revolico.com, además, si no vamos al directo, lo compramos, siempre hay un loco vendiendo lo que está prohibido.»

III- Miércoles siempre será miércoles

«Lo cierto es que los establecimientos de municipios como Habana Vieja, Centro Habana, Arroyo Naranjo y Cerro confrontan desde hace más de cinco meses la ausencia frecuente de ventas de cigarros.»

(Blog de Jorge E. Rodríguez, 7 de octubre de 2014)

Mario no sabe qué decir : «Miren la pizarra, no hay cigarros en venta. Por favor, señora, ¿usted ve el producto en exhibición? No es nuevo, llevamos varios días igual, nadie sabe cuando llega el suministro. Nada de venta por fuera, hay más inspectores que clientes, doble la esquina y a lo mejor encuentra un viejito jugando a los escondidos con los Criollos

Criollos son los fuertes preferidos, a veces hay Populares y en última instancia se aceptan los Titanics,

Un señor aparece, visiblemente descompuesto: «No hay cigarros, ni siquiera el abuelo de la esquina aparece, seguro anda buscándolos en otro municipio, dicen que en Marianao no faltan, pero si voy hasta allá, hoy no trabajo.»

La crisis de los cigarrillos se prolonga en el tiempo, se trata de un monopolio estatal responsable de las ventas en la red gastronómica, y de consolar el magro desayuno de muchos cubanos, estimulando con nicotina las escasas ganas de ir a trabajar.

En Cuba la distribución es caprichosa, responde al Estado, refleja en buena medida decisiones de gobierno, pero los ejecutantes conforman una extendida burocracia cuyas acciones se determinan a partir de ofertas corruptas, más o menos adaptadas a las regulaciones oficiales, cuyo control debe ser acatado.

La mañana se le fue a Mario contando hasta el infinito, antes de repetir las consabidas respuestas. Abrumado, porque no tiene nada para vender; comprende el lógico disgusto de los transeúntes. Él tuvo la posibilidad de reservar lo suyo antes de que se acabaran, porque le avisaron a tiempo. De momento, fuma a escondidas, no por el reglamento, si no porque, imagínense que lo vean prendiendo la breva mientras repite no a los demás.

IV- Jueves del agua

«Dieciséis bailarines de la compañía cubana Pro-Danza de Laura Alonso, hija de Alicia Alonso, desertaron durante una gira por México. Cinco de ellos ya se encuentran en EE UU, según ha informado este jueves el canal de televisión Telemundo 51.»

(Tomado de 14 y medio, 9 de octubre de 2014)

De la antigua figura estilizada de Yudisleidys sólo quedan recuerdos, tal vez sueñe ahora con aquellos aplausos de Tropicana. Pero no tuvo voluntad suficiente a la hora de los ensayos, tan rigurosos, y prefirió la gastronomía. Era bonita, le llovían las invitaciones, no faltaban propinas, y nunca pensó en los derrumbes, mejor dicho, en El Derrumbe.

Llega uno de sus clientes con la jarra de cerveza dispensada, da un ligero golpe sobre la mesa, ni aún así la flaca despierta: ¿Yudi, qué te pasa mujer, estás de copas?

Lentamente sobrepasa la modorra, responde un tanto alterada: «¿Copas, tragos?, bueno, si de agua se trata, cubos, tanques completos, esa fue mi borrachera anoche.»

Finalmente es posible un despertar, punto de inicio de otro día ajeno al trabajo: «Anoche llegó el camión pipa con el agua, el chofer se extremó con mi cuadra, seguramente le pagaron por viajes extras en otros barrios y como lo de nosotros era su obligación, lo dejó para el final. Comenzamos a cargar, escaleras arriba, a las once de la noche. Llevábamos una semana sin agua. Yo tuve que pedirle prestado algunos cubos a una vecina que tiene tanques propios, alquila a extranjeros y paga bien, a ella nunca le falta el suministro. Mi mala suerte es la porfía de echarme arriba al hombre que me gusta, no pago a los aprovechados, por eso sudé los escalones, cargando a las dos manos, hasta llenar mis tanques. No aguanto más, trabajé la madrugada, ¿también debería hacerlo ahora?

Yudisleidys suspira, pide un trago de cerveza, no conozco un cliente capaz de negarle su vaso, bebe, sonríe complacida y advierte: «Si quieres algo, aprovéchame ahora, porque dentro de poco viene otra pesca.»

Los compañeros y compañeras de trabajo la conocen bien, saben de este jueves del agua, a cualquiera puede pasarle lo mismo o tal vez peor, por ejemplo, un apagón. La solidaridad se impone, alguien le ofrece un buen rinconcito para dormir.

La bailarina no truncó definitivamente su carrera, el hijo saltó por encima de su piel carmelita, volvió a brincar sobre el sexo, ganándose un buen puesto como bailarín. Hace rato que Yudi nada sabe de su semilla, dicen que en «la antena TV» vieron varios muchachos escapados, cruzando la frontera entre México y Los Estados Unidos.

Entre vapores alcohólicos y sudores acumulados, se le apareció San Juan Evangelista: «Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.»

V- Un viernes cualquiera.

Lo que pueden comprar los habaneros con sus libretas del 20 al 26 octubre de 2014:

Havana Times – Pollo (1 libra por consumidor mayor de 14 años y dietas médicas): Concluir San Miguel del Padrón, Habana Vieja, y La Lisa; distribuir Cerro, Cotorro, Guanabacoa, y comenzar Arroyo Naranjo.

Picadillo condimentado (½ libra por consumidor): Concluir Diez de Octubre; distribuir Habana del Este e iniciar Playa.

Mortadella (½ libra por consumidor): Concluir Centro Habana; distribuir San Miguel del Padrón, Plaza, e iniciar Habana Vieja.

Picadillo de res (para menores de 14 años): Concluir La Lisa, Playa, y Plaza; distribuir Cotorro, Habana Vieja, Guanabacoa, y San Miguel del Padrón.

Huevos (5 por consumidor y dietas médicas): Concluir Boyeros, Playa, y Marianao; distribuir La Lisa, Arroyo Naranjo, Cerro, y Cotorro.

Pollo por pescado (11 onzas por consumidor): Distribuir Centro Habana, Habana del Este, Arroyo Naranjo, Diez de Octubre, Guanabacoa, y Cotorro.

Pescado (6 libras congeladas para dietas médicas y dietas especiales para niños de 0 a 18 años): Concluir Guanabacoa, Cotorro, y Habana del Este.

Fuente: Empresa Provincial de Comercio La Habana

Yusmari conversa con su mujer: «Por lo que veo, se acaba la semana sin algo nuevo, no vendrá la jamonada a la carnicería, el pollo queda en suspense, no tengo trabajo.»

«Te queda el ajedrez con los vecinos, las damas, un buen parchís, todo menos los dados, no vaya a ser que se embullen (¿te embulles? con las apuestas.»

El hombre deja a un lado el pequeño bolso con los «instrumentos de trabajo», no serán necesarios durante este nuevo jornal, la modorra de una espera sin determinación previa se rompe con el timbrazo del teléfono: «Es para ti, señor de los anillos, digo, carnicero sin cuchillos.»

Marido y mujer van cambiando de rostro mientras avanza la conversación, en voz alta y gestualizada, evitando preguntas adicionales. El hermano mayor es un excelente albañil, nunca le faltan contratos, sobre todo los fines de semana. Se impone un cambio de ropa —murmura Yusmari— «Y yo que juraba no embarrarme de arena y polvo porque en la carnicería el dinero venía vestido de limpio y con una jaba llena para la casa.»

Los cárnicos normados, bajo estrictos módulos racionados por persona, se han convertido en la única tarea posible durante el mes. Queda poco para las habilidades de un orgulloso carnicero de antaño, resta la Mortadella, pero de tanto vender raciones iguales la muñeca se ha convertido en una medida infalible. La excepción son las dietas destinadas a los desventurados que padecen enfermedades crónicas, se trata de cantidades pequeñas puntualmente controladas por un rosario de cuños y firmas autorizadas, el carnicero no tiene ojos para tanto papeleo, le embarga el sentimiento natural de compasión hacia tales personas.

El huevo cierra cada mes el espectro de opciones reguladas para la población.

Rutina de las semanas, las abuelas vocean la llegada de las mercancías, identifican carros y cargamentos, previendo posibles trampas con la advertencia de sus ojos bien abiertos.

¿A quién se le ocurriría olvidar su pequeña porción? Los sobrantes son raros, ni siquiera se venderían, regresarán en la jaba de los cuchillos sin usar. Algunas veces quedan libras de más, entonces, distribuidores y vendedores se arriesgan a venderlas, siempre bajo el consabido acuerdo de compartir las ganancias a la mitad.

La semana se acaba, el mensaje telefónico se concreta en «tirar una placa», es decir, fundir con hormigón armado el techo de una vivienda. Su hermano será el jefe de la obra, no hay alternativa entre el ajedrez sin dinero en el bolsillo y 200 pesos al caer la noche. Yusmari cambia su indumentaria: botas viejas, el overol de cuando tenía aquel Chevrolet que nunca debió vender, y una gorra gastada de los Marlins conforman el repentino uniforme. Este viernes no abrirá la carnicería del barrio.

VI- Sábado sabático

«SANTIAGO DE CUBA: Renuncia masiva de militantes del Partido Comunista en una empresa del ferrocarril, explica un activista.» (Tomado de: Diario de Cuba, 10 de octubre de 2014)

«Yo trabajé durante años en los ferrocarriles, viví con el pantalón y la camisa de mezclilla llenos de grasa, mi anterior mujer, la madre de mis hijos, sufría con aquella ropa, ni el jabón especial que nos daban en la empresa era suficiente. Lo real es que estos hierros viejos terminan por apoderarse de nosotros, nos acaban, vamos oxidándonos juntos, pero ellos, en cambio, permanecen cuando a nosotros nos llega la hora del adiós.

Así era la vida de «Papito», hasta que reapareció Cacha. Cacha, diminuto de Caridad, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, Oshún Orisha, mujer santa y a la vez dada a los placeres sensuales, provocadora, rival de otras, lista a demostrar que ella se convertirá en la primera de aquel a quien escoja. Es difícil salir de su influjo, acapara toda la atención del varón y es ella quien decide, aunque él crea que es el exterminador. Así son estas mujeres, especialmente si se trata de una nacida en la boca del Cocodrilo, allá donde crearon la Guantanamera, guajira guantanamera…

Los ferrocarriles cubanos son parte de la enfermedad crónica que sufre el sistema autoritario vigente en Cuba. Años atrás, el destituido ex vicepresidente Carlos Lage, al inaugurar la nueva ruta rápida Habana-Santiago, dotada de coches franceses, cuyo confort era algo totalmente inusual en el país, se atrevió a proponer la devolución completa del importe de los boletines si el tren incumplía su cronograma en más de una hora. Meses después, la directriz del frustrado dirigente fue desestimada, la empresa estaba al borde de la quiebra.

«Cuando Caridad volvió, para mí fue como regresar a la breve felicidad de mi juventud. Somos esos primos que se enamoraron cuando ambos no sabíamos nada del amor y tampoco del sexo. Después cada uno cogió su camino, sus aventuras y sus fracasos.»

La huelga del ferrocarril determinó la última decisión de Papito, quien todos los días recibía mensajes SMS de Cacha. Ahora su prima manejaba con soltura un Nokia, los dos hijos de la ex guajira guantanamera viven en Italia, la casa de La Habana, aunque rodeada de la podredumbre urbana del barrio de Colón, adentro es un palacio, con aire acondicionado incluido.

El mecánico de los ferrocarriles dejó a la familia varada en El Guaso y se fue a revivir los pocos años felices de su vida. De a primeras, por aquello del honor, buscó trabajo, pero siendo oriental la renombrada capital de todos los cubanos le resultó prohibida. Tenía que divorciarse legalmente, la prima tenía que hacer lo mismo, después casarse ellos y, finalmente, con un buen soborno, le darían residencia en La Habana.

De tanto pensarlo, balanceando gastos, tiempo y demás inconvenientes, Chacha terminó diciendo: «Nada chico, mi hija me mantiene, tengo una tarjeta VISA, el varón es menos preocupado, a pesar de ser el que siempre vivió conmigo. De todas formas no me faltan 200 dólares cada mes y, como hay cosas por hacer en la casa, trabajas aquí, al lado de tu nueva jefa

Ni que decirlo. Era volver a la mujer de sus sueños.

Aquel sábado de octubre, cuando Estanislao Ibrahím Correoso Morales alias «Papito», saltó del andén en la vetusta terminal de Ferrocarriles de La Habana, miró por última vez al «pata de hierro» y se dijo a sí mismo: «Sábado de gloria, domingo de resurrección, ¿Quién ha dicho que los sábados son días laborables?»

VII- Es domingo, el periodista se resiste a trabajar

«Yusnaby Pérez sale a andar todos los días con su teléfono celular por las calles de La Habana. Tiene 25 años de edad, un título profesional embargado por el régimen y suficiente pericia para conectarse a Internet sin ser molestado por las autoridades. Lleva un año mostrando con imágenes su visión crítica de lo que pasa en la isla. Aún no es perseguido político y contó en entrevista con KienyKe.com lo que tiene que hacer para divulgar al mundo la difícil situación en la isla.»

Buscando información en la Enciclopedia Cubana de la Red (ECURED), muy politizada como sucede con los proyectos oficialistas en Cuba, encontré un artículo sobre la Cueva nº 1 de Punta del Este, calificada por el sabio Don Fernando Ortiz La capilla Sixtina de los aborígenes cubanos.

Dediqué una buena parte de mi juventud a investigar el arte rupestre de nuestro país, escribí sobre el tema un extenso informe de investigación, entregado en marzo de 1993 a la sección de historia del Partido Comunista de Cuba (PCC) en la hoy Isla de la Juventud, antigua Isla de Pinos, donde se ubica la famosa caverna, el sitio más relevante del arte pictórico indígena en las Antillas.

Resulta que ECURED citaba textualmente párrafos enteros de mis escritos sin reconocer al autor en las obligadas referencias. Yo guardaba celosamente una copia de aquel informe. Lo busqué. Las hojas se conservaban intactas, desteñidas las letras, el papel quemado por los años. Decidí intentar reivindicarme con la publicación de un artículo en la prensa nacional. Escogí la muy popular revista La Calle del Medio.

Fue toda una odisea, necesitaba fotografías, debía refrescar y actualizar mis conocimientos sobre el tema, los viejos amigos no aparecían en mi agenda, por si fuera poco, me esperaba aún el obstáculo mayor , que me aceptaran en la redacción de la revista, a mí, un periodista calificado como independiente, todo un estigma en los medios masivos de comunicación bajo el control del Partido Comunista..

Fui avanzando paso a paso. Ayudaba la impersonalidad de los contactos a través de mensajes electrónicos. La jefa de redacción no reparó en mi persona, jamás nos vivos cara a cara, ni siquiera la mañana de irme a cobrar los honorarios. De otra parte, un poco de buena suerte, junto a semanas de paciente trabajo.

Aparecieron algunos viejos amigos en el Instituto de Antropología, hubo abrazos cordiales, conseguí fotografías en formato digital, obviamente las mías no servían. Alcancé a fotocopiar el viejo informe de 1993, algo más, una ponencia presentada en el Primer Simposio sobre Historia de la Cultura Pinera, celebrado diez años atrás, cuando ocupaba la responsabilidad de Director del Museo Municipal en Nueva Gerona.

Al fin, luego de un mes de batallar, envié mi artículo a La Calle del Medio. Los ajustes se efectuaron intercambiando correos electrónicos, las fotos llegaron a la redacción de igual forma. Aplicaron bien la tijera, tal vez el ¡vaya usted a saber!, redujeron al máximo lo testimonial, pero del lobo un pelo, terminaron aceptando el trabajo, programando su publicación para el nº 74 de junio del 2014.

Entonces vino el breve pero intenso impasse de una invitación para participar en la XXIV Conferencia Anual de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE), a celebrarse en Miami. No tenía pasaporte y me esperaba la conocida inquisitoria de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en Cuba.

De regreso a La Habana en agosto de ese año, recordé que aún tenía pendientes unos pagos de derechos de autor en las oficinas de Prensa Latina, entidad cuyo aparato económico soporta la revista. Nuevos e-mails fijaron una fecha de cobro y en este punto vuelvo a los comienzos, de camino en en busca de los «honorarios».

Alguna velada advertencia recibí sobre tales señales de honor. Conociendo mi país, no esperaba mucho, pero algo es algo y era mío, bien luchado, por tanto, mostré el carné de identidad y firmé la nómina. Conté 67 pesos en moneda nacional.

Guardé el pequeño sobre, no fuera a ser que mi esposa creyera en uno de esos acostumbrados engaños de los maridos cuando reciben algún dinero fuera de lo habitual. Camino a casa no sabía qué hacer con algo menos de tres dólares al cambio, entonces pensé en aquellas manos hábiles, capaces de birlar un mes trabajo de cualquier periodista con apenas tres rápidos cortes sobre una jugosa porción de lomo de cerdo.

La Habana, abril-mayo de 2015.

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